Palomera

A punto día, cuan el sol aun no ha saliu y ya s’está fen cllaro, si viens p’el camino Monzón enta Estadilla, y miras la linia que s’achunta el cielo con la tierra, ixo que llaman el “horizonte”, e’ñai una imagen preciosa de la Sierra de La Carrodilla.. Si la recorres con la mirada empezán per Estada, allá en don la Sierra y el Cinca se dicen adiós, y vas subín  y subín, la vista se troba con picachos y vallonadas, todas suaves y onduladas. ¡E la Sierra, la nuestra Sierra!; pero patrimonio de to’l mundo.

 En llegán a Santacún la suavidá se rompe, la montaña cae a pllomo, un tajo tremendo la corta a pico. E la parte más agreste, más brusca. Desde aquí….. los ojos se negan a seguí más a la drecha, más enta Fonz. Tremolan, s’acoquinan con la sola idea de perdé ixe “éxtasis”. ¿Per qué?. Después de Santacún ñai una mancha bllanca muy gran. L’han pegau un mueso tremendo a la montaña. Acongoja.

 Ñai que torná la mirada p’atrás hasta que mos trovén otra vez con Palomera, ya qu’era aquí en don quereba parame. ¡Ay Palomera! Tan altiva, tan distinta a toz los picachos. Tiene una corona, al cabo de to, cortada a pico per to’lrededó. Esta corona está inclinada enta Estadilla, como si fuese un vigía que mos acompaña, un testigo del nuestro caminá.

 Buñero toz lo conocen perqu’e’l punto más alto de la Sierra; pero Palomera e otra cosa. Se vei espllatera, to’l mundo la conoce y mo l’en mirau infinidá de veces. (Pero tamé mo l’han emporcau, colocanle unos monstruos de fierro a to’lrededó).

 Si a lo llargo de los siglos, cada vez que se le dirigiba una mirada, y con ixa mirada habesen podiu dixá un grané d’arena encima de la corona, hoy ñabría una montaña más alta qu’el Aneto.

 Ahora quereba contá una historia, que ni e historia, ni e cuento, ni e leyenda. Solo e: “Podría habé siu así”.

 Cuan ya s’acababa la nuestra guerra, aquélla que va dixá tanto doló, desolación y odio, los perdedós iban marchán en riadas cara a la frontera, pa cruzá a Francia.

 Per Estadilla va pasá un misache que llevaba un macuto que pesaba prou. Él sabeba qu’en la frontera l’en sacarían, per ixo teniba pensau amagalo en bel sitio que fuese fácil de recordá y cuan habese acabau to, torná a recogelo.

 Al veyé Palomera desde lejos, se va di qu’aquel era justo el sitio que buscaba. Va subí hast’allí y aprovechán una coveta debaixo de la cortada a pico de la corona, va esgarrapá en el suelo con el machete que llevaba, hasta fe un forau en don va amagá el macuto. Lo va tapá con tierra y piedras dixanlo to muy disimulau.

 Desde aquí va seguí car’a la frontera. Va cruzá a Francia, buscán el amparo y el auxilio de los franceses chunto con otros miles de refugiaus. A toz los meteban en “campos de concentración”, que se van habilitá per to Francia. (Hoy se llamaría “campos de refugiados u de desplazados”). Las condicions de las personas en estos campos eran dramáticas, faltanles los elementos más imprescindibles pa sobreviví.

 Al nuestro misache (lo butizarén llamanlo José, pa no entrafucamos), lo van llevá al Campo de Concentración de Arlés, al sur de Francia. Allí se va trobá con un paisano de su mismo pueblo, y los dos chuntos s’ayudaban como milló podeban. (A este segundo misache lo llamarén Paco). Se llevaban prou ben.

 Per ixas condicions tan malas que teniban, sobre to higiénicas y alimentarias, en muchos campos se van declará epidemias de tifus. En el de Arlés tamé y José va enfermá de gravedá. Entonces veyén que no iba a salí d’aquélla, le va di a Paco:

             —Mira, yo me muero; pero confío en ti y voy a decirte que en un lugar de la provincia de Huesca, tengo escondido un macuto con objetos de mucho valor que he ido recogiendo de aquí y de allá. Te diré donde está si me das tu “Palabra de Honor”, que lo irás a buscar cuando termine todo esto y que les darás la mitad a mis padres. La otra mitad para ti.

            —Claro que te doy mi “Palabra de Honor”. Puedes confiar en mí—Le va contestá Paco.

 José como no teniba otro remedio que confiá en Paco, le va explicá en don estaba el amagatón.

 Algunos años después de acabase la guerra, un día al cabo tarde, va llegá per Estadilla un misache preguntán per Palomera. (Era Paco). Le van esplicá en don estaba, y sin parase, ya medio oscuro, va marchá camino de La Carrodilla enta van.

 Aquella noche, en los porches de la Pllaza, no se va hablá d’otra cosa que d’aquel fulano.

 Al maitino siguiente unos pocos mozos van marchá cara a Palomera, a ve si se veyeba algún rastro. No van ve ni rastro, ni a ninguno per aquellos andurrials.

 ¿Se va amagá el tal Paco al ve vení a los mozos? ¿Habeba cogiu el macuto y habeba disimulau ben el puesto? ¿No lo va trobá? ¿Va sé u ha siu to pura fantasía?. A lo milló esto último e la única verdá. ¡¡Que gran e la imaginación!!.

Francho Chardiz

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