Los Campos Electromagnéticos Asociados a las Líneas de Muy Alta Tensión

Aproximadamente, un niño de cada dos mil contrae leucemia antes de cumplir los 15 años. Aunque todavía no se entienden las causas, los investigadores han estudiado una amplia variedad de posibles explicaciones, incluyendo susceptibilidad genética, radiaciones ionizantes, pautas inusuales de exposición a infecciones, y campos electromagnéticos. El sistema de distribución de energía eléctrica produce campos eléctricos y magnéticos de frecuencia extremadamente baja, y desde 1979 existe la preocupación de que estos campos estén asociados al cáncer. En 2001, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó los campos magnéticos de frecuencia extremadamente baja como “posiblemente carcinogénicos” mientras que otras iniciativas, como el UK Childhood Cancer Study, discuten el riesgo. La legislación española en la materia es tremendamente tolerante: baste decir que los límites admisibles son hasta 1.000 veces más intensos que los que recomiendan muchos estudios científicos. La indefensión de los ciudadanos es, por tanto, total. Así, por ejemplo, la legislación española permite recibir un campo magnético de hasta 100 microteslas, cuando en Italia se plantean que sea menor que los 0,2 microteslas en su nueva legislación, o Suiza impone un límite de 1 microtesla. Estudios muy relevantes, como el reciente Bioinitiative Report recomiendan que no se superen los 0,1 microteslas.

Muchos estudios demuestran los problemas de salud que ocasionan los campos electromagnéticos que generan estas líneas. Así, a título de ejemplo, se sabe que los niños sometidos a campos de más de 0,4 microteslas (recordemos que la legislación española permite una dosis 250 veces superior) tienen el doble de probabilidades de tener leucemia que los niños que viven sin esta radiación.

Además, sin duda, el impacto paisajístico y ambiental de la línea de muy alta tensión será tremendo, por cuanto se debe eliminar toda la vegetación en el pasillo ocupado por la línea, además de los propios postes, de más de 62 metros de altura en algunos casos, que tienen un impacto visual enorme.

La electricidad tiene una cara oculta: múltiples investigaciones han desvelado la nocividad de las líneas de alta tensión para quienes trabajan, viven o permanecen cerca de ellas además de para la naturaleza. Sin embargo, poderosos intereses creados impiden que se establezcan medidas eficaces de seguridad.

“Solo conocemos actualmente unas pocas de las radiaciones invisibles. Además hemos comenzado a darnos cuenta de su diversidad y de lo limitado de nuestro conocimiento sobre las radiaciones que nos rodean y atraviesan. Un hecho que es difícil de comprender por mentes acostumbradas a otras concepciones del universo… Estamos rodeados y penetrados en todo momento y en todo lugar por un eterno cambio, combinado y compuesto por radiaciones de diferente longitud de onda, desde la diezmillonésima parte de un milímetro hasta un buen número de kilómetros”.

Quizá estas palabras del científico soviético V.I. Vernadskii, fechadas en 1926, sean un buen punto de partida para tratar un tema tan importante y desconocido como el de los efectos de las líneas eléctricas de alta tensión, apenas un ejemplo más de las controvertidas consecuencias del avance científico y tecnológico, o mejor dicho, del uso que de él se hace. Es indudable que hoy en día se ha adelantado mucho en el conocimiento de esas radiaciones invisibles de origen natural de las que hablaba Vernadskii, pero no es menos cierto que a éstas se han ido añadiendo otras muchas de origen artificial, capaces de producir efectos perjudiciales sobre los seres vivos.

La propia Organización Mundial de la Salud, junto con el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas y la Asociación Internacional de Protección de la Radiación, auspiciaron en 1981 un trabajo de investigación por parte de un grupo de especialistas internacionales sobre algunas de estas radiaciones no pertenecientes al espectro visible: la microondas y radiofrecuencias. En el mismo se afirma textualmente: “El creciente uso de aparatos eléctricos y electrónicos junto al rápido desarrollo de los sistemas de comunicación (por ejemplo vía satélite), radioaficionados, repetidores de televisión o instalaciones de radar, ha elevado la posibilidad de exposición humana a la energía electromagnética y, al mismo tiempo, la de que ésta tenga efectos sobre la salud…”

En el mismo informe se utiliza el término de “contaminación electromagnética” y se da cuenta de los resultados de la experimentación con animales y campos electromagnéticos similares a los que genera una línea eléctrica de 400 kilovoltios. La córnea y cristalino oculares, y en menor grado la retina, resultan ser sumamente sensibles: desciende el número de glóbulos rojos y aumenta la concentración de hemoglobina; se producen también

alteraciones en el sistema inmunitario y efectos teratógenos sobre el material genético (aparición de aberraciones cromosomáticas). El informe recoge distintas dolencias detectadas en personas relacionadas profesionalmente con estos campos magnéticos (datos aportados fundamentalmente por el doctor Marha, catedrático del Instituto de Higiene Industria y Enfermedades Profesionales de Praga), disminución de la espermatogénesis, cambios en la menstruación, alteración de la proporción de nacimientos de varones y hembras, defectos congénitos en recién nacidos, disminución de la lactancia, síntomas asténicos, descenso de la tensión arterial y bradicardia. Otras investigaciones avalan o incluso amplían la lista de efectos.

Las muertes súbitas de lactantes sin causa aparente, por ejemplo, han sido relacionadas por el ingeniero eléctrico alemán Egon Eckert con la cercanía a las vías electrificadas, emisoras de radio, radar y líneas de alta tensión. Para el biofísico Andrew Marino y los doctores Robert Becker y Perry, de la Escuela de Medicina del Centro Médico de la Universidad de Luisiana estas mismas fuentes electromagnéticas son, a través de un efecto aditivo o sinérgico, desencadenantes de diversos cánceres. Estos últimos investigadores han comprobado, además, que 590 casos de suicidio de 1.184 estudiados, correspondían a moradores cercanos a líneas de alta tensión de 50 hertzios. Por su parte, un grupo británico de la Universidad de Stamford, dirigido por el doctor Cyril Smith, ha puesto de manifiesto un tipo de drogadicción originada por campos magnéticos. Según han comprobado, las personas que habitan cerca de líneas de alto voltaje sufren una superproducción de ciertas sustancias que el organismo fabrica de modo natural: las endorfinas. La concentración de estas auténticas drogas, de acción muy similar a la de la morfina, disminuye cuando lo hace la tensión eléctrica o cuando estas personas se alejan de las líneas, sufriendo un cuadro típico de abstinencia propio de los toxicómanos desprovistos de su dosis habitual.

Sin embargo, han sido los científicos soviéticos quienes primero y en mayor número y profundidad han efectuado investigaciones sobre esta contaminación enemiga de la salud. Ya en 1962, después de que funcionasen las primeras líneas de 500 Kv durante varios meses, se investigaron los dolores de cabeza, malestar físico general, cansancios, insomnio e impotencia que empezaron a padecer los trabajadores de estaciones transformadoras intermedias.

El informe, corroborado por más de cien posteriores en la Unión Soviética, concluía que trabajar sin medidas protectoras entre 500 y 750 Kv podía causar trastornos en el sistema nervioso central, corazón y vasos sanguíneos y alterar la estructura de la sangre. Otro trabajo en el que se examinó a 200 empleados de las estaciones

transformadoras de 220, 330 y 500 Kv, puso de manifiesto un significativo aumento de la hemoglobina, amnesia, cambios de conducta (como estrés y otros) y dolencias más graves relacionadas directamente con la línea de alta tensión. Pero ¿cómo ejercen estas ondas su acción nociva y a qué intensidades?

Las líneas eléctricas de alto voltaje son las vías por las que discurre la energía eléctrica en ondas de baja frecuencia, aunque con una particularidad: la fuerza eléctrica no pasa solamente a través o por dentro del cable, sino que, produciendo ondas en su misma dirección, genera un campo magnético que se extiende a su alrededor a considerable distancia y pierde intensidad con la misma (imaginemos el oleaje que produce un gran barco al surcar el mar).

Esto se puede comprobar con un fluorescente. Haced la prueba: llevaos un fluorescente con toma de tierra y comprobad cómo bajo una línea de alta tensión sigue encendido sin necesidad de estar enchufado a la red.

Como las ondas de baja frecuencia no son capaces de romper las moléculas orgánicas que atraviesan y forman así partículas cargadas eléctricamente (iones), se incluyen entre las denominadas radiaciones no-ionizantes. Por eso, mientras las radiaciones ionizantes destruyen las células vivas, las no ionizantes ejercen su acción a un nivel mucho más sutil y desconocido por la ciencia.

Para los doctores Marino y Becker, los campos electromagnéticos de baja frecuencia afectan a los seres vivos al suministrarles unas cantidades de energía que pueden desencadenar mecanismos fisiológicos específicos, análogamente a como, de forma natural, pequeñas corrientes eléctricas procedentes del cosmos controlan las actividades vitales.

Según Marino, en el cosmos las células existen en equilibrio con su microambiente eléctrico inmediato. Ciertos cambios en éste dan por resultado una información que es transmitida a las células y que es capaz de controlar sus funciones. Así una determinada célula puede ser activada para diferenciarse, incrementar la síntesis proteica o disminuir la producción de hormonas. En algunos casos las reacciones de los organismos vivos a los campos magnéticos sólo ocurre mediante este efecto disparador a ciertas intensidades óptimas. Pero también se dan efectos acumulativos producidos por repetidas exposiciones, y en intensidades más bajas se observa cómo una simple exposición puede rebasar el umbral de reacción y activar el mecanismo.

Es obvio que si los ciclos de los seres vivos dependen de los ritmos del campo magnético de la Tierra, si las tormentas magnéticas

solares originan cambios de conducta, enfermedades mentales o suicidios, no podemos esperar que la sobrecarga electromagnética que está imponiendo la moderna tecnología no tenga consecuencias sobre esos dieléctricos o pilas eléctricas que son los seres vivos.

Las repercusiones negativas de las líneas de alta tensión no parecen tan evidentes para las empresas eléctricas (que poseen informes científicos secretos), ni para las autoridades sanitarias u organismos oficiales. En algunos países, como Rusia, la intensidad máxima inocua se cifra en 5 Kv/m y existen severas normas de seguridad: nadie debe exponerse a campos de más de 25 Kv/m (la máxima exposición debe ser de 5 minutos cada 24 horas): a 10 Kv/m se permiten 3 horas de estancia y a 5 Kv/m cualquier periodo de exposición es seguro. Sin embargo la OMS se limita a recomendar un mayor número de investigaciones y establece en 20 Kv/m la intensidad máxima inocua. Para esta organización, los campos eléctricos y magnéticos de sistemas de alto voltaje de hasta 420 Kv no constituyen un peligro esencial para la salud humano, lo cual basándose en la experiencia, es también cierto para 800 Kv. En 1978, sin embargo, unos jueces en Nueva York fallaron a favor de la población que vivía en una zona de 200 m alrededor de una línea de 750 Kv, reconociendo el riesgo para la salud. Las compañías eléctricas tuvieron que sufragar un cambio de residencia masivo.

Una persona montada sobre un tractor, bajo una línea de 765 Kv, está expuesta a un campo electromagnético tan intenso que en la URSS estaba prohibido permanecer ahí siquiera durante un minuto. Para líneas eléctricas capaces de generar campos electromagnéticos de más de 25 Kv/m, se prohíbe hasta una distancia de 110 metros de presencia de todo tipo de edificaciones, paradas de autobús o vehículos, así como el uso de protectores metálicos en la maquinaria agrícola. Bajo este tipo de líneas disminuye el crecimiento vegetal, a 100 m se producen alteraciones sanguíneas y circulatorias, y a 300 m cambios de conducta y pérdida de reflejos.

No cabe duda de que las líneas de alta tensión producen contaminación atmosférica. Debido al llamado “efecto corona” descargan electrones al aire circundante desde el cable conductor, que activa químicamente las moléculas de aire con lo cual se producen nuevos compuestos. Es el caso del oxigeno que se ioniza y transforma en ozono y cuya proporción a razón de una sola molécula entre 12 millones de moléculas de aire ya puede ser peligrosa para la vida humana. También se originan óxidos de nitrógeno, componentes del smog fotoquímico, diez veces más tóxico que el ozono y que combinados con el agua de lluvia producen la temida lluvia ácida.

Según el doctor Hirsch del departamento de Física de la Universidad de Minnesota, cada día que una línea de alta tensión trabaja

normalmente se producen, en cada milla, 60 litros de ozono y 40 de óxido de nitrógeno. Asimismo, en el Laboratorio Nacional de Oak Rigde (EE.UU.) se comprobó cómo en sólo diez minutos, líneas de 500 Kv producían concentraciones de ozono diez veces superiores al nivel normal ambiental. La lluvia ácida cae a lo largo de toda la línea, sobre todo si hay inversiones de temperatura.

Las brisas, por su parte, favorecen el aumento de los niveles de ozono y su transporte a otras áreas.

Además, el ozono no sólo puede producirse en la superficie de los cables conductores, sino también en cualquier borde afilado de las torres, en cercas de alambres de púas situadas por debajo de la línea, y hasta en algunas puntas de las ramas y hojas que sobresalgan. Por otra parte, también se ha observado la producción de una nube de iones positivos nocivos para la salud, y el campo electromagnético, a su vez, incrementa su intensidad al reducir los iones la resistencia de la atmósfera a su alrededor.

Los ecosistemas circundantes se ven afectados: se ha comprobado, por ejemplo, como cerca de las líneas de alta tensión las abejas dejan de recoger polen y producir miel y acaban matándose entre sí; las aves pierden su sentido de orientación; los peces y animales abandonan los arroyos y las zonas cercanas a las líneas, y los animales domésticos comienzan a perder peso (las vacas incluso dejan de producir leche). A ello hay que añadir el peligro de descargas eléctricas – sobre todo si hay nieblas o riego – capaces de producir incendios de dificultosa extinción (la conductividad del humo origina tremendas descargas eléctricas).

Como vemos, las líneas de muy alta tensión suponen un peligro para la vida, al alterar el equilibrio que ésta requiere. Por tanto, procuremos apartarnos de ellas y exijamos de las compañías eléctricas y a la administración pública las medidas de seguridad que son necesarias.

JUAN MAGALLÓN

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9 responses to “Los Campos Electromagnéticos Asociados a las Líneas de Muy Alta Tensión

  • Xavier Bayle

    Brillante, por no añadir la posible electrificación del cocktail químico al que nos somete el sistema médico actual, lleno de antibióticos (la misma palabra es destructiva, anti-bio, anti-vida), activación de procesos químicos artificiales en nuestro cuerpo… Cuando crío salíamos a rompernos la crisma por las eras y las espuendas y volvíamos rasguñados a los sumo, ahora los crios van a tener que jugar encerrados en la habitación, como los tristes niños de ciudad. Es el futuro.

  • javier

    Todavía hay críos que se rompen la crisma…ahora lo hacen con skates y bicicletas “last generation”. Y a los antibióticos como la penicilina les debemos que lo que hace sesenta años podía ser una epidemia de proporciones bíblicas, con una mortandad de niños espeluznante, hoy en día no pase de una simple gripe.
    Hasta ahora cualquier tiempo pasado fue peor.Cuidemos la naturaleza y los recursos planetarios pero no reneguemos de la ciencia. Posiblemente sea lo único que pueda salvarnos.

    • Gil

      Ni tanto ni tan calvo.

      Quiero decir que hay que hacer buen uso de los antibióticos para aprovechar todo lo que ellos han aportado en el tratamiento de sepsis, neumonías, infecciones bacterianas, etc.

      Ello no quiere decir que hayamos de sobremedicar y tratar abusivamente cuando no están indicados para no crear resistencias a ellos. No nos automediquemos y tratemos con ellos las infecciones víricas para lo que no fueron creados. Tratar un simple cuadro gripal (vírico) con antibióticos sólo servirá para generar cepas bacterianas resistentes a ellos, que en un futuro nos dará problemas para un tratamiento eficaz.

      Y que decir del uso indiscriminado que se les da en veterinaria. Quién paseando por el monte no ha encontrado en pastos abandonados tras su uso monodosis de tetraciclinas para uso animal, empleadas por algún pastor o incluso para el engorde de ganado.

      Deberían usarse sólo bajo prescripción médica, pero buena prescripción. Muchas veces la presión asistencial bajo la que se pueden sentirse acosados algunos médicos. les puede hacer incurrir en mala praxis.

  • Juan Magallón

    La nota iba sobre los efectos en la salud de los campos electromagnéticos. Algo para reflexionar. La ciencia y el conocimiento nos hacen avanzar , no al revés.
    Sr. Bayle , la riqueza del léxico y la prosa recargada no son sinónimo de razón. Además seguramente estará usted vacunado y probablemente habrá tomado alguna vez esos “venenos” que tanto critica.
    Por lo demás , totalmente de acuerdo ,Gil.

    Juan Magallón

  • Xavier Bayle

    Bueno, la ciencia tomada así en bruto la verdad es que es pero que muy discutible, la salud mundial en los últimos años ha sido mejorada gracias a la higiene personal y urbanística, a las dietas completas y otros factores no necesariamente relacionados con bombardear el cuerpo con quimica. Un poquito de por favor.
    La ciencia también puede ser los OGM, la bomba nuclear, la de racimo, la vivisección, las minas antipersona. Si deshauciamos a dios de los altares no es para poner en ellos a la ciencia.
    Los venenos no los tomé, me los hicieron tomar. Seguramente me salvarón la vida y me hicieron gordo y hermoso, según reza el manual, como Dios hacía antes. El lugar de dios en el escenario actual lo ocupa la ciencia. Y puede ser tan oscurantista el uno como el otro.

  • Juan Magallón

    La ciencia no tiene nada de oscurantista , más bien todo lo contrario.
    La mejoría de la salud mundial , la disminución de la mortalidad infantil y el aumento de la edad de supervivencia , entre otras cosas , ha tenido que ver , en casi todo , con la aparición de los antibióticos , concretamente de la penicilina.
    Sólo hay que tener unos mínimos conocimientos de historia de la medicina para saberlo. Evidentemente la mejoría de la higiene , de la dieta y del urbanismo también han sido fundamentales , pero siempre ligados al desarrollo científico.
    Por cierto , todo el mundo es libre de tomar , o no , los venenos que los médicos prescribimos . También lo es vivir desarrollando una ciencia que nos haga avanzar y progresar en armonía con la naturaleza y el respeto a la vida y el medio ambiente , o volver a la caverna a la luz del fuego.
    Y Dios no tiene nada que ver en esto.
    Juan Magallón

  • Xavier Bayle

    Vale, lo que quieras. 100.000 personas mueren cada año en Estados Unidos por culpa de efectos secundarios de medicinas, y 2.000.000 más van de urgencias al hospital por lo mismo. Somos cobayas en laboratorio. ¿Cada uno tiene derecho a tomar o no tomar los antibióticos?, pero hay chantaje emocional y desprecio por aquellos “que no hemos estudiado la dirección oficial de la medicina”., la gente no sabe nada y va al médico a que loos curen.

    NADA en ciencia dicho como “lo sé” dejó de ser un “creí saberlo”, porque la ciencia avanza y lo que hoy sabemos dentro de 100 años será como la Edad Media, un poco de humildad…

    Sin estres, este es el blog de la defensa de la Carrodilla, tratemos de concentrarnos en ello.

    Un saludo.

  • Juan Magallón

    Eso si es cierto , el asunto es la defensa de la Sierra de la Carrodilla , su conservación y la de su flora , fauna y recursos hídricos , el NO más rotundo a las absurdas canteras y la letal línea de muy alta tensión.
    Otro asunto es el discurso sin fondo.Ni hay chantaje ni cobayas de laboratorio , y mucho menos desprecio hacia nadie.
    La relación del médico con su paciente es sagrada , la ética y la deontología está por encima de todo.Y el enfermo tiene todo el derecho a aceptar o no los tratamientos indicados.
    Ya disculpará que no me crea los datos sobre los Estados Unidos.No todo lo que sale en Google es cierto.Afortunadamente la farmacología está sometida a unos controles tan estrictos que no son posibles actualmente errores de semejante efecto sobre los enfermos.
    Sin estres, tratemos de ser constructivos y de defender lo nuestro uniendo las fuerzas.
    Un saludo

  • a

    El método
    científico
    ha sido el mayor invento de la humanidad.

    Intuído ya por Sócrates, Platón y Aristóteles, hace más
    de 2300 años, no fue hasta entrado el siglo XVII cuando Descartes lo postuló por
    primera vez en su célebre “Discurso del Método”. Por cierto Socrátes
    era un filósofo-político griego que odiaba a los sofistas, que
    eran lo más parecido a los políticos actuales ( “[…]los despreciaban principalmente por atribuirles un desmedido afán de
    lucro
    ”).

    El método científico
    es autocrítico:

    El método científico
    está sustentado por dos pilares fundamentales. El primero de ellos es la reproducibilidad,
    es decir, la capacidad de repetir un determinado experimento, en cualquier
    lugar y por cualquier persona. Este pilar se basa, esencialmente, en la comunicación
    y publicidad de los resultados obtenidos. El segundo pilar es la falsabilidad. Es decir, que toda proposición científica
    tiene que ser susceptible de ser falsada (falsacionismo

    ).
    Esto implica que se pueden diseñar experimentos que en el caso de dar
    resultados distintos a los predichos negarían la hipótesis puesta a prueba. La falsabilidad no es otra cosa que el modus tollendo tollens del método hipotético deductivo
    experimental. Según James B. Conant no existe un método científico. El
    científico usa métodos definitorios, métodos clasificatorios, métodos
    estadísticos, métodos hipotético-deductivos, procedimientos de medición,
    etcétera. Según esto, referirse a el método científico es referirse a este conjunto de
    tácticas empleadas para constituir el conocimiento, sujetas al devenir
    histórico, y que pueden ser otras en el futuro.1
    Ello nos conduce tratar de sistematizar las distintas ramas dentro del campo
    del método científico.
    (Wikipedia).

     

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