Problemas del problema

El problema es bastante más ancho de lo que aparenta, y bastante más largo. El problema suele ser generalmente tener valor de querer ver la dimensión del problema. Y a menudo no se hace. Tiempo es, creo, de hablar de ello.

 Ocho novenas partes del iceberg navegan bajo el agua, la punta nos parece enorme, incluso hunde titanics, pero es poco en comparación con lo que la sustrata. Las canteras o la línea de alta tensión son sólo una consecuencia, no una causa, debemos recordarlo.

 La gula. De las ocho partes restantes hundidas bajo el agua podríamos citar la mera presión humana, y parte de ese apremio es la gula española, la famosa tremenda inabarcable gula española, conocida por su obesidad en camino de la norteamericana -y su sistema suicida de destrucción de recursos-. La gula española es una de las causantes de las canteras que amenazan la Carrodilla. Esa gula que permite que millones de hectáreas de tierra fértil (y fertilizada a base de químicos), sea sacrificada para el absurdo placer de comer carne y productos animales. El 80 y hasta el 90 por ciento de la producción de vegetales en el mundo va a parar a la alimentación de ganado. Y no sólo eso, también roba y desertiza inmensos territorios ayer salvajes. Como la Sierra de la Carrodilla, ni más ni menos salvajes que ella. Hay cada vez menos tierras no explotadas, la tierra salvaje -cualquiera y por cualquier motivo-, está en peligro de explotación. Y ojo, que explotación viene de explotar, como lo que hacen las bombas.

 La comodidad. De tanto robarle tierra a la tierra cada vez nos quedan menos territorios si no salvajes al menos asilvestrados. De tanto empujar a las faunas y acorralarlas en reductos cada vez más pequeños, echándolas de los límites geográficos de las poblaciones donde vivimos, nos olvidamos que en las poblaciones vecinas hacen exactamente lo mismo, y al final las faunas no tienen dónde ir y se extinguen (a razón de 17.000 especies por año ). La piedra caliza que se pretende robar a la sierra irá a parar a la construcción de otras segundas residencias, o complejos urbanísticos más estúpidamente grandes e innecesarias, que diezmarán otros territorios. La comodidad. Y la soberbia.

 La pereza. Hoy día raros son los agricultores que viven con menos de 20 hectáreas de terreno. ¡ 20 Ha !, ¡ si con eso se podía antes alimentar a decenas de familias !, ¿qué sucede? ¿nuestra anatomía ha cambiado tanto que hemos evolucionado al Homus Insaciabilis y necesitamos comer más que nuestras abuelas, trabajando la mitad ?. La gula de nuevo. 35.000 niños se mueren de hambre cada día, medio mundo ayuna por obligación y medio mundo por quitarse unos kilitos de encima porque llega el verano y los bikinis no entran.

 Hay que ser valiente para aceptar y comprender el esqueleto de nuestra miseria, y tratar de asumirla y modificarla urgentemente. Hoy salvamos un territorio, lo compramos para salvarlo, pero nuestros hábitos vitales y modelo social condena otros territorios ( no importa si en la Litera o en el Pantanal brasileño ), creo que el problema es más vasto. Por ejemplo las acampadas exigiendo democracia ( porque la que hay se parece cada vez más al franquismo ), se van a esfumar en el aire de las canciones si la gente no hace algo más que protestar, si regresan a casa con la misma mentalidad consumista y lobotomizada. Ellos lo están gritando: “no falta dinero, sobran ladrones”.

 El problema no es la ignorancia, gracias a ella podemos caminar hacia la sabiduría, el problema es la voluntad de permanecer ignorantes, vendiendo nuestra obligación de ser más sabios a cambio de la comodidad, la gula satisfecha, la pereza no combatida, la soberbia insultante y una larga lista de carencias que bien conocemos pero las aparcamos en el cajón de las buenas intenciones para mañana.

 La Sierra de la Carrodilla nos necesita, pero el objetivo no debiera ser que los mercaderes se vayan a otros lugares, a demoler otros sueños y arrasar otros paisajes, sino conseguir que nuestro modo de vida no favorezca su actitud depredadora. El problema es tan sencillo como la solución.

XAVIER BAYLE

Sierra de la Carrodilla

Milano Real

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