Dos cazados muy especials

Todas las noches antes de i a cená, los mozos del pueblo se reuniban pa fe la charradeta en los porches de la Pllaza, a’lau de la coluna que fa esquina entre el Ayuntamiento y la Calle Mayó. Allí feban corro, unos sentaus en las escaleretas y otros de peu, enfrente del escaparate de la tienda Menal.

 Se repasaban los acontecimientos del día y se opinaba pa cuan se teniban qu’esquilá las güellas, u cuan empeza a segá el ordio, u si estaban en condicions las ugas pa empezá a vendimiá. Güeno, aquí se opinaba “sacán pecho”; pero los que decidiban de verdá cuan se teniban que fe las cosas, eran los agüelos de cada casa.

 Pero…., eran los “jueces absolutos” en una cosa…, cuan se hablaba de las mozas del llugá, y este trocé de tertulia no podeba faltá ninguna noche. Pensaz que casi todas las tiendas del pueblo estaban en la Calle Mayó. La hora pa salí a comprá era precisamente ixa de pllantase los mozos en la Pllaza y que las encargadas de i-ye a fe ixa faena eran las mozas, güeno, u se las apañaban ellas pa se las encargadas de felo. La mayoría buscaban los callizos que daban a la Calle Mayó, pa no pasá per los porches, aunque tenisen que da una güelta más llarga. Siempre ñabeba alguna más flamenca (ixo sí, fense acompañá per un’amiga), que pasaba per debán de los mozos como desafían, u milló dicho, pa sentí los “requiebros” que les tiraban.

 Una d’estas noches se estaba hablán de caceras. Los sitios que se fan tertulias, en castellano, se llaman “Mentideros”. Per algo debe se. Pos como digo, allí estaban cuatro u cinco  cazados hablán de furons, de cochos, de conejos, de perdices y d’escopetas; habé qui la “cllavaba más gorda”. Entre los que feban corro escuchán, estaban Ceferino “Poca Solta” y Juanón “El Plluma”, dos amigos muy amigos, que siempre iban chuntos a toz los laus.

 A Ceferino, lo de “Poca Solta” l’en van meté perque siempre en soltaba alguna a “tres cuartos pa las once”. Y a Juanón, lo d’ “El Plluma” le veniba de más enta tras, de cuan era crío. Se vei que cuan saliba a cazá gurrions con la fona, seguntes “estadísticas prou fiables”, de cada 50 piedradas que pegaba, por lo menos en una “llevantaba plluma”; aunque el mixón siempre saliba volán. Güeno, es que “llevantá plluma”, demostraba qu’el tiro iba ben dirigiu.

 Cuan el corro de mozos se va desfé aquella noche, y cada cual s’en iba pa casa; estos dos amigos se van quedá rumián si no sería mala cosa probá a fese cazados. Ceferino va di qu’en casa d’él, ñabeba en un amagatón en la falsa, entre los cañizos y las tellas, un embolicón con una escopeta d’un caño con cartuchos de cualquiera sabe cuan. (Se vei qu’era de los tiempos de la guerra del francés. ¡Casi nada!).

 —Pues en casa tamé ñai una escopeta de dos caños de aquellas que llevaban dos martillos pa dispará de tiempos de mi agüelo—Va di Juanón.

—Oye, pos to arreglau, las limpián ben y cualquier día salín al monte a probá.

 Cuan lo teniban to preparau, menos el cocho, que no’n teniban ninguno de los dos; a punto día, y con el almuerzo y la bota en el macuto, van encará el camino de la Carrodilla enta van.

             —No sería milló i per monte a través pa ve si fan llevantá plluma u pelo.

            —¡Ah, güeno, güeno!, díxalo, díxalo, que p’el camino e más cómodo.

 Van i subín, charra que te charra, sin veyé nada y las escopetas al hombro como s’isen de paseo. ¿Como iban a veyé nada?, si con la charrameca que llevaban, la caza los olisquiaba de lejos.

 Al llegá a la sierra Mesalleta, d’un matizo sale corrén un conejo.

             —¡Mira, mira, Juanón, un conejo!.

            —¿En don, en don?.

            —Pos astí en ixa faixa. Ya s’h’amagau. ¿Qué no las visto?.

            —¡¡Pero que puñetas si le visto u no!! ¿Cómo no las disparau tu?—Dice Juanón.

            —Pos…,pos…. No sé. Pensaba que si tirabas tu, tendrías milló puntería.

            —¡Esto no lo contes en la Pllaza ni en broma!. Que se mon reirán.

 Aquí mismo van torcé per la crencha d’encima de la sierra Hilario pa i a salí a la fuente Rosalía. Ya de lejos se sentiba el chorro del aigua manán. Que musiqueta más maja feba. Se sentan y sacan del macuto los almuerzos. Entre mueso y tiento a la bota, se llamentan de lo fácil que habese siu “incorporá” un conejo al “historial”, aun vacío, de cazados.

 Desde la fuente Rosalía, deciden baixa p’el barranco Santa Cun, en don a veces se vei algún trucazo, y subí después pel pasé el Ronco a salí a Montes y Valles y per la sendeta, i a pará al Terrero y por fin a Estadilla.

“Dicho y hecho”. Arrancan cara Santa Cun, pensán que la misión de aquel día e meté algo en el macuto…, amás de la bota vino. Los ganaus de güellas y crabas subiban mucho per las sierras, per ixo el barranco estaba prou limpio pa pasá, sin demasiaus esturbos.

 Cuan llevaban medio barranco recorriu, al chirá una regüelta deciden sentase pa descansá y a la vez, dale un tiento a la bota. Como casí to’l camino, que ya feba algunas horas que duraba, seguiban charra que te charra.

 —Astí entre medio de las ramas de ixe llatonero, lo que se vei, ¿no e la cabeceta de una tórtola o un trucazo?.

 El uno que si no, el otro que si sí, que lo paece, que no lo paece. Brrrrrrr….arranca a volá una tórtola.

 —¡Pero que dimonios están fen!. Vaya par de cazados de las narices son. Primero habesen teniu que dispará y después discutí.

—Me paece que esta cacera se mos tendrá que quedá quieta en la mollera sin podela contá.

—Oye—Dice Juanón—Las tórtolas muchas veces van en pareja. ¿No s’ha habrá quedau la otra en el llatonero?.

 Brrrrrrr…..arranca a volá la segunda tórtola, y las escopetas mudas.

 ¡Vaya cara de pasmaus se les va meté a los dos!. Si los punchan no sacan gota sangre. To mochos, se llevantan y siguen caminán. Cuan llegan al salto’l Llobo, suben per un lau la senda, pa torna a baixa p’el otro. (Pa segui p’el barranco abaixo, ñai que fe este ceribeque). Al llegá enfrente del pasé el Ronco, empezan a subi-ye. (Que maravilla, que ben conservau está el empedrau feito a mano de cualquiera sabe que tiempos en la parte alta del paso).

 Ya un poco más animaus al ve el monte abierto y pensán que seguro que per aquí tie que salí alguna banda perdices.

 Y así va sé, tal como lo conto va pasá. No llevaban mucho rato caminán que arranca a volá una bandadeta prou apañadeta.

 Las escopetas to’l tiempo las habeban llevau al hombro y solo las sacaban cuan se sentaban. ¿Pa qué?. Era más cómodo llevalas así. Pos ixo, coge Ceferino to aprisa y corrén, la saca y en ixo que se le enreda la correa en un matizo, se le envolica per las piernas y se pega un talegazo que per poco se rompe la crisma. Juanón, que no sabe a quí acudí, si a Ceferino u a las perdices. Total, que volán car’abaixo como lo feban, pronto no va tení que escogé a don acudí.

 Después de tantos percances ya van cogé el camino sin ánimos de nada y van enfilá cara a casa.

 —Esta noche en la Pllaza, si alguno pregunta, en de di que ni mos en visto. Que tu has iu al LLastro y que yo viengo de Estada. Menudos son los mozos pa dixá pasá una ocasión de pitorreo como sería ésta.

 Las escopetas sin pega un tiro, cansaus como burros y encima uno, per poco s’estricalla. Van cogé las escopetas las van torná don estaban, al amagatón de casa del uno y al arcón de casa del otro, y las ganas de fese cazados van desaparecé pa siempre jamás.

 FRANCHO CHARDIZ

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4 responses to “Dos cazados muy especials

  • Xavier Bayle

    Cuan teniba 9 o diez años a mi pare l’en ban convenzé para que se sacara la licencia de caza, mucho l’hen ban tení qu’enroscar para que lo hiciera, pero lo ba fe. No recuerdo si se compró la escopeta o se la ban dixá, el caso es que un maitino mos ban i a “llenar macuto”. Ban está unas cuantas horas caminan, cara al santuario, i tu relato m’en recuerda prou lo nuestro. Yo no veía ben (aún no llevaba gafas), y los conejos saltaban por los laus sin que los viéramos. Poco talento pa matá el nuestro. Nos trajimos a casa una muda de serpiente i el perfume de todos los romeros i tomillos. Creo que ha sido una de las mejores anécdotas con mi pare: dejar vivir. Gracias.

  • Xavier Bayle

    Ah, después de nuestra aventura, mi pare ba dixá la escopeta i nunca más ban salí a cazar, dedicanse a lo que milló supo fé: amar la sierra.

  • Concha Vicente

    Me parece maravillosamente tierno. Un beso a todos y ponednos más historias de estas. Creo que en su momento salieron en una revista que hicieron los estudiantes. No sé si esta, pero muchas otras sí. Lo recuerdo con mucho cariño.

    • Francho Chardiz

      No, esta historia seguro que no. Aunque algunos pasajes estan sacados de hechos reales, el resto es completamente inventado y además recientemente. Gracias a los dos.

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