Oleada de plumas

 Las sabinas de la Carrodilla pueden un día llegar a alcanzar los mil años de edad, su vida longeva y su singularidad vale sin duda más que los usos y aplicaciones de su madera, por eso están protegidas, por la ley pero sobretodo por la ética. Es el pensamiento moderno, la nueva estrategia, rentabilizar la vida respetándola. Desde el rasero del capitalismo rentier se obtienen menos beneficios a corto plazo, pero pueden llegar a ser duraderos. Y renovables.

 La obsesión de la rentabilización de las cosas ( un par de zapatos, un jarrón, un camastro ), es encomiable y lógica -especialmente en estos oscuros tiempos de usar y tirar-, pero esa tendencia humana ha llegado a tocar a la vida, a la tierra y a los paisajes, entes sagrados de por sí, e ineludibles si pretendemos pervivir. Es ante esas amenazas donde uno debe desenterrar el hacha de guerra, y sin que llegue la sangre al río, ponerse serio. Y sin ponerse trágico, ponerse lógico. Eco lógico. En ello consiste el ancestral arte de andar expulsando telarañas de aquellas las mentes preclaras que matan la gallina para amputarle el huevo de oro. O sí o sí: o nos ponemos ecológicos o acaba esto como el rosario de la aurora.

Los ancianos son venerables, pero adquieren viejos hábitos y malas costumbres. Y vaya por delante que hay ancianos de veinte años y hay adolescentes de setenta, que de los dos he visto. Sea como sea, los pensamientos viejos tienden a pensar mal, a lucubrar que todo debe servir para algo, y que más vale que así sea porque sino vendrán los malos, con sus viejas cicatrices, con sus supurantes vejigas, con sus cancerígenos anos, para agujerear las montañas, desecar los ríos, emponzoñar los riachuelos y vender al postor sus inocentes criaturas. Rebaños de plumas, manadas de plumas, oleadas de plumas surcan en estos instantes la primavera de la Sierra de la Carrodilla, el regalo de un dios en el que no creo a un ser humano en el que tampoco. Nada saben esos fulgentes picos de aquellos viejos anos que venden a sus madres por un par de monedas, nada saben las collalbas ni los alcaudones de las vetustas instancias con póliza septuplicada, nada saben las cogujadas ni los pinzones de las hordas bárbaras con bulldozers y licencia para matar que acechan tras los despachos enmohecidos por el pensamiento viejo de los viejos anos. El quebrantahuesos que ayer regaló un vuelo a quien lo quiso mirar contempla desconfiado desde su vertiginosa altura -geográfica y moral-, a los monstruos de metal que rugen tras los DINA4.

 Hay una Estadilla envejeciendo que quiere cegar los ojos de su sierra ( ¿hay una Estadilla envejecida que quiere cegar los ojos de su sierra? ), y hay otra joven que clama conservación, que sabe que para tener hay que guardar y proteger. No se trata de decencia, no se trata de dignidad, no se trata de la estupidez retrógrada de los viejos anos, se trata de la vida, el antiguo asunto.

  

X.Bayle

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